Centro de Detención McHenry / McHenry Detention Center

Centro de Detención McHenry

© Jhonathan F. Gómez

Después de casi una hora y media de camino, de soportar los arrancones de la camioneta, el exceso de humo de cigarrillo de los agentes, el calor que despedían nuestros cuerpos y las ataduras de nuestras manos y pies que nos impedían movilizarnos, llegamos a otro centro de detención en medio de la noche.

Sentimos que la camioneta se detuvo y escuchamos el ruido de una puerta que subía. Los agentes se bajaron y empezaron a hablar y a reírse. Por unos 20 minutos se olvidaron que llevaban personas dentro de esas camionetas que ni aire acondicionado llevaba. El calor era insoportable; las personas que estábamos dentro éramos demasiados y se sentía que él oxigeno nos empezaba a faltar.

Un rato después se abrieron las puertas de la camioneta y nos empezaron a bajar de dos en dos.

El proceso iniciaba con unos agentes que en la puerta nos interrogaban y nos hacían pasar ante los agentes de mas adelante. Sé ponían unos guantes de látex, nos paraban contra la pared, nos abrían las piernas con sus rodillas, nos tocaban entre nuestro pelo como si lleváramos armas o drogas, y nos desabrochaban el pantalón y metían sus manos entre nuestra ropa interior de una forma repugnante. Nos desabrocharon nuestro brassier y fue lo mismo, nos apretaron los senos de una forma horrible. Eso fue donde sentí un asco y una humillación con ganas de escupir en la cara del agente.

El proceso que siguió fue lo mismo, interrogatorios, insultos, fotos, huellas y más insultos hasta que nos empezaron a formar para ponernos medicamentos en nuestro cuerpo sin preguntarnos si éramos o no alérgicos. Hasta el momento no sé que pusieron en mi cuerpo, o que eran las intenciones de los agents. La pregunta sería ¿Qué más nos hacen o nos dan en esos lugares sin darnos cuenta? ¿Quién les ha dado el derecho de actuar de esa forma? ¿Dónde están los que vigilan los derechos humanos en este país?

Esa fue una de las noches más horribles de mi vida, me sentí ultrajada y con mucho coraje. La celda donde nos metieron era tan fría y los baños ni siquiera tenian paredes. Los demás arrestados entre hombres y mujeres podian ver cuando los demás hacian sus necesidades. Era demasiado inhumano.

La mañana siguiente, sin dormir, nuevamente nos volvieron a esposar y seguir el mismo proceso de regresarnos a Broadview, ya que el pueblo se estaba organizando y pedía nuestra liberación.

FLOResiste es escrito por Flor Crisóstomo. La traducción del Blog es echa por Dalia Rubiano Yeddia, Eva Nagao, Willy Barreno, Jesus Carlin y Jhonathan F. Gómez. Diseño y mantenimiento por Willy Barreno, Jesus Carlin y Jhonathan F. Gómez. Editado por Jhonathan F. Gómez.

McHenry Detention Center

© Jhonathan F. Gómez

After nearly an hour and a half of having to tolerate the constant stop-starts of the truck, the excess of cigarette smoke of the agents, the heat that radiated from our bodies and the bindings on our hands and feet that impeded our movement, in the middle of the night we arrived at another detention center.

We felt the truck stop and we heard the noise of a door rising. The agents stepped down and they started to talk with others and laugh. For about 20 minutes they forgot that they were carrying people inside those trucks that did not even have air conditioning. The heat was insufferable; there were too many people inside and it felt like the oxygen was going to fail us.

A little while later they opened the doors of the truck and they started to take us out two by two.

The process started with a few agents who interrogated us at the door, we passed them before reaching the agents who were further inside. They put on latex gloves and had us stand against the wall, they opened our legs with their knees and touched our hair like we were carrying weapons or drugs, and they unzipped our pants and put their hands in our underwear in a repulsive way. They undid our bras and did the same, they squeezed our breasts in a horrible way. That was where I felt a disgust and humiliation, and a desire to spit in the face of the agent.

The process that followed was the same, interrogations, insults, photos, fingerprints, and more insults, until they started to medically treat our bodies without asking if we had allergies. Until today, I don’t know what they put in my body, or what the intentions of the agents were. The question is; What else are the doing to us or what are they giving us in these places without us knowing? Who gave them the right to act this way? Where are the people who watch for human rights abuse in this country?

That was one of the most horrible nights of my life, I felt outrage and a lot of anger. The cell where they put us was extremely cold and the bathrooms did not have walls. The other people arrested, men and women could see when the others were doing their private business. It was excessively inhumane.

The next morning without sleep, they returned to handcuff us again and we follow the same process to return us to Broadview. Our community, our people had been organizing and were requesting our liberation.

FLOResiste is writen by Flor Crisóstomo. Blog translation is done by Dalia Rubiano Yeddia, Eva Nagao, Willy Barreno, Jesus Carlin and Jhonathan F. Gómez. Design and updates by Willy Barreno, Jesus Carlin and Jhonathan F. Gómez. Edited by Jhonathan F. Gómez.

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